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El Jardín Secreto traspone al cine un clásico de la literatura juvenil de Frances Hodgson Burnett |
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Kate Maberly la actriz que encarna a la protagonista de la obra, Mary Lenox, es el auténtico motor de la historia |
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| ficha técnica |
El jardín secreto |
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Título original: The secret garden Director: Agnieszka Holland Actores: Kate Maberly, Heydon Prowse, Andrew Knott, Maggie Smith, Laura Crossley, John Lynch, Walter Sparrow, Irène Jacob, etc. Producida por Francis Ford Coppola Guión: Frances Hodgson Burnett, Caroline Thompson Fotografía: Roger Deakins, Jerzy Zielinski Música:, Zbigniew Preisner Género: Drama familiar Nacionalidad: EUA y Gran Bretaña Duración: 97 minutos |
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| Un cuento para crecer con la naturaleza |
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“Y si miras con atención descubrirás que
el mundo entero es un jardín…” Así termina esta fábula entorno a tres
niños que convierten un viejo jardín secreto y abandonado en espacio de
transformación personal. Los problemas ambientales que aquejan este
planeta tienen mucho que ver con la incapacidad de saber cuidar nuestro
edén personal, o sea nosotros mismos. Un petirrojo es el príncipe que
encanta a la protagonista Mary Lenox para adentrarse en el jardín
cerrado por su tío al morir su esposa que en vida había convertido en su
espacio vital. De la misma forma que el Universo está contenido en la
garganta del dios de la leyenda que le cuenta Mary al enfermo imaginario
de su primo.
El Jardín Secreto es una excusa para abrir nuestros
corazones a la superación de las propias incertidumbres a partir de la
simplicidad, de afrontar los problemas con la inocencia que los tres
protagonistas son capaces para forjarse un nuevo futuro. Es una historia
de conspiración contra el orden establecido, contra las supersticiones,
contra los sentimientos que nos impiden gozar de todas nuestras
potencialidades que no son más que las del Universo del que somos su
viva expresión cada uno de los humanos. Por esta razón Mary, huérfana en
una tierra que no es la suya, pero que la acoge, Colin, su primo
enfermo imaginado por su entorno y Dickon, hijo bondadoso de la
servidumbre de una mansión triste y sin entereza forjan su propio
destino con la magia que les permite el trabajo para revitalizar sus
propios jardines más secretos, en definitiva, los nuestros. Porque
desear es querer con pasión lo que uno cree; los tres protagonistas nos
dan una gran lección de optimismo frente a la adversidad del mundo
hierático de adultos que nos olvida demasiado a menudo nuestra inocencia
perdida.
El trabajo artístico de todos sus protagonistas arremete
contra las contradicciones, las frustraciones y el aborrecimiento
cotidiano para dejar paso a la armonía que todos poseemos para cambiar
la realidad desde la bondad, la sinceridad y la cooperación. Una genial
Kate Maberly luce de forma excepcional cual hada en un mundo muerto por
la falta de esperanzas pero que poco a poco hará que resuciten.
Abrir la llave del jardín abandonado es una metáfora pletórica de la
capacidad que tenemos todos nosotros para transformar nuestro entorno
cuando le ponemos convicción en algo tan simple como plantar semillas.
Semillas de vida que contienen todo el Universo, el mismo que poseemos
cada uno de nosotros. La convicción es una fuerza que vincula, que aúna
voluntades como la del jardinero que en secreto ha contribuído en
silencio y bajo una única orden posible por obedecer: que el jardín
cerrado siga vivo. Los niños tan sólo deberán poner su inocencia para
que la belleza vegetal renazca cual ave fénix de las cenizas de la
insoportable levedad que esclaviza la falta de pasión por lo vivo.
El Jardín Secreto no sólo enseña al primo inválido Colin a caminar y
dejar su papel de imposibilitado más imaginario que real y dar así los
primeros pasos por un jardín renovado que es también obra suya, parte de
su esencia. Es el espacio dónde Mary encuentra sus nuevas raíces, un
espacio para ser amada y donde su pasión por descubrir desde la
simplicidad le llevará a realizar el milagro de unir a toda la comunidad
de la mansión, donde el solitario Dickon encuentra sentido para
compartir su amistad por los animales y la naturaleza con sus nuevos
amigos.
Estamos ante una historia fílmica de un alto valor
pedagógico cuya lectura tiene múltiples interpretaciones, pero en la
cual la amistad crece, la enfermedad desaparece y la tristeza se olvida,
pero también dónde se aprende de la potencia de nuestras convicciones
cuando estas son seducidas por el optimismo vital. Como reconoce la
protagonista al final, su tío recuperó la risa y ella aprendió a llorar.
Recuperando el esplendor del jardín abandonado se nos invita a
rehabilitar este mundo carcomido por el consumismo actual con una
fórmula tan sencilla como aceptar que en cada semilla subyace todo el
Universo del que simplemente somos. El petirrojo no ceja en recordarnos
que en el fondo nuestra supervivencia es también la suya propia y que
entre todos tenemos todavía una oportunidad para convertir el mundo en
un jardín.
Toda la película cuenta con una ambientación impecable y
sabe crear la atmósfera adecuada en cada escena para que nos cautive
con un no menos apropiado acompañamiento musical que sólo el gran
Zbigniew Preisner (autor de la aria inacabada que glorifica la banda
sonora de La doble vida de Verónica del maestro Kieslowski) puede
conducir con perpetua magistralidad. Más allá de la impecable dirección
de Agnieska Holland, uno no puede pasar por alto que el productor
ejecutivo sea el mismísimo Francis Ford Coppola. Todos estos elementos
convierten El Jardín Secreto en una película memorable. Pero insistimos,
esta propuesta claramente enmarcada en la categoría de Cine en Familia
no es una película para pasar solamente un rato agradable, que también,
sino que es una oportunidad para expandir el amor por la naturaleza y
por ende a nosotros mismos, para enmendar nuestros propios miedos, para
que estos sean una oportunidad para mejorar nuestro entorno y
transformarlo con amor y convicción. Sin duda, un clásico, una historia
intemporal de un lugar donde la magia, la esperanza y el amor son la
excusa para afrontar los peores temores de nuestra cotidianidad. Una
película imprescindible en la videoteca de cualquiera que tenga puesta
su esperanza en que el amor es nuestra mejor arma para combatir el
desaliento y las propias contradicciones. En definitiva, para legar un
mundo mejor a las futuras generaciones. |
Curiosidades... |
Un terremoto en la Índia colonial deja
huérfana a Mary Lenox, una niña británica nacida en este continente, por
lo que es enviada al Reino Unido a vivir con un tío suyo Lord Craver,
en una gran mansión ampulosa de Yorkshire, en el que este hombre vive
sumido en un ambiente irrespirable y al que para mayor desasosiego se le
añade las males artes de la estricta ama de llaves la señora Medlock.
Sin embargo, en este espacio opresivo Mary descubre un gran jardín,
cerrado y abandonado por años, que se convertirá en un mágico refugio
para ella y sus dos nuevos amigos: un chico inválido y caprichoso, Colin
y Dickon, el reverso, una persona ingenua y llena de bondad. Los tres
niños rehabilitan el jardín que a su vez les ayudará a construir una
sólida y especial relación, que cambiará sus destinos para siempre.
Esta película está basada en el libro de Frances Hodgson Burnett
(1849-1924) y conducida magistralmente por un director que ya demostró
sus habilidades como cineasta comprometido en Europa, Europa (1990) o como guionista en Tres colores Azul (1993) de Krzysztof Kieslowski.
El Jardín Secreto
en realidad se convierte en un importante mensaje ambiental en la que
la metáfora del jardín se convierte en el espacio que nos enseña a ser
nosotros mismos. El jardín está lleno de símbolos sobre la vida, la
muerte, la enfermedad, la salud y aporta una singular visión para que
los jóvenes avancen por sus vericuetos. En este sentido
El Jardín Secreto es un
pequeño paso para acompañar a nuestra juventud a reconsiderar la Tierra
como un universo rico y lleno de enseñanzas para ser más humanos. |
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