Junio 01, 2011
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| Reflexiones Cristiana |
Es célebre la amistad que ligaba a los dos guerreros griegos Pelópidas y Epaminondas.
Tanto era que en la batalla de Mantinea unieron sus escudos para poder pelear juntos y ayudarse mutuamente.
Lucharon así durante algún tiempo y estuvieron derrotando a sus
enemigos, hasta que Pelópidas cayó herido y, derramando mucha sangre por
las heridas, estaba a punto de morir. Entonces Epaminondas decidió
seguir peleando a lado del cuerpo de Pelópidas, aunque el mismo tuviera
que morir junto a su amigo, de quien creyó que moriría en ese lugar.
Epaminondas, también herido gravemente, permaneció luchando ahí hasta
que llegaron otros compatriotas que rescataron a los dos amigos
moribundos.
Desde aquel día esa amistad llegó a ser proverbial. Después fueron
ascendidos a jefes del ejército Tebano, con igual autoridad, y nunca
existió rivalidad ni envidia entre ellos.
Amistad es un regalo de Dios. Cuando respetamos la verdadera amistad,
respetamos uno de los mejores regalos dados por Dios al hombre. Y La
perla que adorna ese regalo es la lealtad.
1 Samuel 30:26
Y cuando David llegó a Siclag, envió del botín a los ancianos de Judá,
sus amigos, diciendo: He aquí un presente para vosotros del botín de los
enemigos del Señor.
Job 19:21
!!Oh, vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí! Porque la mano de Dios me ha tocado. |
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El no perdonar es visto como un derecho que tenemos. Si yo decido no
perdonar a alguien, esa es mi decisión por tomar. Por ley, no tengo la
responsabilidad de perdonar a nadie.
La historia que Jesús cuenta en
Mateo 18.21-35 señala las consecuencias de ejercer este derecho. En la
historia hay un hombre que había sido perdonado una deuda grande. La
deuda que el tenía ya no existía. Sin embargo, el se rehusó a perdonarle
una deuda que alguien tenía con el. A causa de su falta de perdón, la
persona que le había perdonado la deuda a el, lo hizo arrestar y
torturar como una forma de cobrar un reembolso.
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